Santa Fe: morir por hambre a los once meses

Despojada. Anónima. La bebé murió. Con el berreo débil que forja la inequidad. Sin alcanzar a completar el círculo del primer año de su propia historia. Murió sin llegar siquiera al hospital. Murió en un camino amasado en el tiempo. Mucho antes, incluso, de su nacimiento. Entre el frío y el calor extremo, entre las limosnas familiares de las calles de una Santa Fe que acumula riquezas de cientos de miles de millones. Pero que del otro lado de la frontera que divide pertenencias de clase, deja morir, asesina, invisibiliza, oculta. Murió en el contexto del desguace social que engendran, implacables, el capitalismo y sus adoradores. Por Claudia Rafael (Agencia Pelota de Trapo – APe).


“No se llegó a tiempo en este caso”, concluyó el área de Niñez de la Provincia de Santa Fe. No se recibió ninguna denuncia que alertara sobre lo que pasaba, aseguró Acción Social de la Municipalidad de Santo Tomé. Y el hilo final termina en un argumento penal: un hombre de 40 años y una mujer de 29 fueron detenidos por “abandono de persona seguida de muerte” de su bebé, desnutrida, de once meses. Otros tres hermanitos de 9, 5 y 2 años deambulan por los derroteros institucionales que ahora sí decidieron ocuparse de ellos. La muerte visibiliza aquello que el Estado y la sociedad se empeñan en no ver día tras día aunque esté, como un cartel luminoso, estirando la mano en un semáforo de alguna esquina. La muerte de una bebé de once meses desnutrida funciona como una granada que estalla en los rostros mediáticos, políticos, sociales y que evidencia lo evitable.

Hoy la pelea se reduce a quién se hace cargo de las responsabilidades. El castigo penal llegó veloz en sus tiempos: los padres. Quebrados, fisurados, olvidados, pobres de toda pobreza, con el único recurso final de extender las manos en una esquina rodeados de su cría esperando que se derrame algún billete, un par de monedas. Las otras responsabilidades, las del Estado que se pasa la pelota de un municipio a otro, de una provincia que desliga culpas, de instituciones que dicen que nadie “informó” y si quien no dijo es “nadie” ya no hay nada que hacer. Esas, no entran en una celda de 2 x 2.

Entonces la historia se seguirá repitiendo hasta el hartazgo. Porque siempre será demasiado tarde. Porque no hay paradoja más feroz que una familia que integra el vasto ejército de los andrajosos en una provincia que se juega otras guerras. En la que un manojo de empresas exportadoras de alta gama facturan 562 mil millones de pesos en un año y están exentas de impuestos, según denunció Carlos del Frade, periodista de esta Agencia.

Los engranajes jurídicos, mediáticos, institucionales castigan con celeridad a los portadores de una epidemia que ellos mismos han puesto en funcionamiento. La bebé de once meses ya ha muerto. Los padres presos. Y los niños sobrevivientes deambularán ahora los vericuetos formales de la caridad. Serán la imagen en un espejo que aquellos engranajes estructurales cubrirán con papeles de diario plagados de historias vanas para no ver reflejada la vida. Tutelados en una farsa sin puerta de salida. Arrojados a un laberinto, juntos o separados. Alimentados con los mendrugos de una esperanza que no encuentra su propia primavera.

 

 

Fuente: ANRed

 

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