Gente con gran corazón: La enfermera de Junín que desinteresadamente ofreció ayuda para el empleado rural que era esclavizado en Rufino

Muchas veces, las historias más crueles y aberrantes accionan en la gente una gran empatía que se convierte en solidaridad.

Hace tiempo atrás, el 15 de septiembre, en Pueblo regional publicábamos la horrenda vida a la que sometían a un empleado rural en un acampo de Rufino, quien trabajaba desde los 12 años, no sabía leer ni escribir, no le pagaban sueldo, lo encerraban para que no pudiera ir al pueblo y lo alimentaban con fideos y leche.

( http://www.puebloregional.com.ar/una-historia-de-terror-en-rufino-trabajaba-desde-los-12-anos-no-sabe-leer-ni-escribir-no-le-pagaban-sueldo-lo-encerraban-para-que-no-fuera-al-pueblo-y-comia-fideo-con-leche/).

Inmediatamente luego de la publicación fue mucha la gente que se hizo eco y comentó su empatía y brindó su apoyo al trabajador rural. Pero hubo una persona muy conmovida con la historia que envió un mensaje a este medio ofreciendo casa y comida para el jóven.

 

Hace pocos días, volvimos a publicar otra historia muy similar a la de Rufino, y en los comentarios nuevamente apareció nuevamente Any, ofreciendo su ayuda.

Desde Pueblo regional quisimos conocer un poco más de la personalidad de esta señora bondadosa que, con empatía y un gran corazón ofrece su apoyo al prójimo.

Any Berra tiene 58 años, es enfermera y, aunque es nacida en Uruguay actualmente vive en la ciudad de Junín.

“Soy enfermera pero ahora hace siete meses que estoy con licencia médica en mi casa por problemas severos de columna. Me movilizó mucho cuando leí en Pueblo Regional la historia de este chico. Yo soy nacida en Uruguay y vengo de gente de campo. Sé lo que es el campo y sé lo que es trabajar. También estuve acá con una señora que es amiga mía ayudandole de corazón, porque me encantaba; lo que es el tambo y el campo lo conozco muy bien”, comentó Any.

Con respecto a la historia que la movilizó a ofrecer su ayuda desinteresada, Any expresó entre lágrimas de angustia: “Me conmovió este chico y lo que pasó solo y sin comer, trabajando con esta gente que no se como llamarlos, porque en el campo siempre sobra la comida y hay para todos. Yo me ofrecí a darle un techo, una cama y algo de comer hasta que consiga un trabajo”.

Seguidamente, consultamos a la enfermera de Junín sobre cuáles serían las acciones con las que pensaba ayudar al empleado rural ezclavizado, a lo que afirmó sin dudar: “Trataría de comprarle un colchón y ofrecerle una cucheta que tengo. Yo tengo la casa sin terminar porque me la estoy haciendo de a poco; tengo 58 años y trabajo en la Municipalidad y estoy construyendo mi casa con créditos del Procrear, pero igual me surgió de hacerle un lugar, me desesperé, porque yo soy así”.

 

Después de un rato de charla surge, de las historias que nos fue contando, que esta acción de solidaridad no surgió de la nada, sino que la personalidad de Any Berra es de ayuda y compromiso con el prójimo“También trabajé en el Hospital Municipal de Campana y allá había un kiosco. Yo trabajaba en pediatría y cirugía y a las madres, cuando no tenían plata para comprar pañales las mandaba de parte mía y que después pagaba en el kiosco”.

“Cuando trabajaba en las salitas Sanitarias y en otros lugares intercedido en muchos casos de chiquitas que iban a ser violadas y que con el tiempo, cuando yo me fui, pasó. A mí me tenían amenazada, pero yo me metía igual en los barrios. Tengo la conciencia tranquila de haber hecho eso y muchas cosas más por el prójimo en mi vida”, nos contó la juninense.

Por último, Any expresó su deseo de poder, algún día, conocer y ayudar al joven trabajador rural: “Algún día me gustaría conocerlo a este chico, porque no sé donde estará, si estará trabajando bien y si tiene contención psicológica”.

 

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