El conmovedor homenaje de un niño a su abuelo que falleció de coronavirus y el recuerdo de su hijo, Andrés Zarich

La pandemia por coronavirus azota con fuerza nuestro país y en este momento particularmente a nuestra región. Los números son preocupantes, y van en ascenso.
Más allá de todo lo que pueda publicarse y decirse, la información diaria muchas veces se reduce a números y estadísticas frías y ya no nos sorprende que haya dos o tres personas fallecidas por día en Venado Tuerto.
Atrás de esas cifras, hay personas, familias, gente que sufre la pérdida de un ser querido pe esta enfermedad que no perdona y se ensaña particularmente con los adultos mayores.

El 1 de septiembre Venado Tuerto lamentó la noticia del fallecimiento de Walter Zarich, una persona muy querida en nuestra ciudad. Tornero de oficio, Walter era una persona respetada y reconocida, como su hijos Andrés y Gabriel Zarich, dos reconocidos artistas venadenses.
El dolor de toda la familia Zarich se reflejó en diferentes homenajes que los hermanos le brindaron a su padre, pero hubo una publicación muy conmovedora de Pablo Jesús Zarich Icutza, hijo de Andrés Zarich, que a pocos días del fallecimiento de Walter, su abuelo, donde recuerda los momentos vividos con su abuelo:

“Abuelo, ayer nos dejaste de forma física, pero siempre vas a estar en mis recuerdo porque siempre fuiste un aparato, una gran persona con la que compartí momentos, nuestras charlas, los mates de por medio, los consejos que me dabas, cuando te ayudaba en el patio, cuando “discutíamos” por tonterías y no nos hablábamos porque los dos éramos demasiados orgullosos pero un rato después ya volvíamos a hablar. Te voy a extrañar un montón, te mando un beso grande, y que brille la luz para vos, esa que no tiene fin. 1 de Enero 1940- 1 de Septiembre 2020”.

Toda a familia recuerda a Walter de la mejor manera: “Tenía una voz espectacular (yo Andrés Zarich se la envidiaba muchísimo).Y su gran pasión fue el Tango. Cantaba muy muy bien, entonaba perfecto: soñó siempre con ser cantor de tango: estos últimos años decía, mientras tenga oído y vista para poder mirar y ver a los cantores soy feliz. Aprendió a usar Youtuve: le cambió la vida: buscó y se escuchó todos los tangos colgados en la red y las películas de Gardel”.

Entre sus costumbres, Andrés, su hijo, destaca que “a la tarde era una rutina religiosa ir a bicicletear: amaba esa rutina, que no solo la utilizaba para la ejercitación sino para seguir cultivando las “socialización”, hablaba con todos; rengaba de muchas cosas; un hombre de cara seria que amaba mucho el humor. Como padre, nos acompañó a todos lados, siempre apoyó nuestra vocación cultural heredada de ellos. Como hijo siempre acompañó a su madre, muy muy familiero: nos llevaba a visitar a todos los tíos viejos, tanto de él como los de mi vieja; siempre estuvo al lado de sus hermanos y también de sus sobrinos. Hombre de gauchadas, de barrio, de familia, de vecinos.
En sus últimos años se dedicó a embellecer su patio, le gustaba mucho cuidarlas y ahí están sus rosas, una tuya y el jazmín que plantó para sus 20 años de casado”.