Derecho a la identidad: la historia de Juan Pablo

(Pueblo Regional) El derecho a la identidad abarca los derechos a tener un nombre, un apellido, una nacionalidad, a ser inscrito en un registro público, a conocer y ser cuidado por sus padres y a ser parte de una familia, señala Wikipedia.

Sin embargo, más allá de la rigurosidad de la letra muerta, están los sentimientos y ahí es donde todo empieza a complicarse.

“La identidad es uno de los derechos más hermosos que tenemos en esta vida”, resume Juan Pablo Sava para dar inicio al relato de su historia de vida.

Este venadense hace cinco meses conoció, o mejor dicho, pudo hacer propios a sus padres biológicos. Durante 34 años Juan Pablo tuvo como padres a Claudia y Miguel, sus criadores y creadores de todas sus vivencias hasta este presente.

“Mi familia es más grande”, acota cuando se le pregunta sobre este cambio de estatus de identidad, y comienza a narrar: “Por comentarios me llegaron rumores de que podía ser otra mi identidad, que podía ser otra persona mi papá biológico y entonces empecé a hacer preguntas a mis padres, y ellos me dijeron la verdad, entonces fui a preguntarle a mi papá biológico, y él ya lo sabía”.

Entre las buenas noticias que recibió en estos últimos meses, está la de saber que de golpe dejó de ser hijo único para pasar a ser el mayor de cuatro hermanos.

Tras la comprobación científica mediante el ADN, “comenzó una nueva vida, porque me encontré con una nueva abuela y muchas tías, porque mi papá biológico tiene nueve hermanas, así que la familia se agrandó un montón”.

De todas formas Juan Pablo hizo un planteo con un dejo de reproche: “Lo primero es el derecho a la identidad. Creo que eso es lo más importante que tiene uno, saber quién es, de dónde vino”.

Igual el reencuentro con su padre biológico dejó atrás cualquier reclamo, y en ese tan esperado momento mucho tuvo que ver “Marcela, la mujer de mi papá biológico, que es un amor de persona, e hizo que todo fuera más fácil. Ella desde un primer momento incentivó el vínculo”.

La historia con su abuela biológica es aún más mágica. Juan Pablo trabajó durante un tiempo en una agencia de turismo y en un viaje la llevó como pasajera. “Esta señora en todo momento me abrazaba, me besaba, se sacaba fotos conmigo. Después tuve un negocio y no le quedaba de paso, pero igual venía a comprar y cada vez que venía me abrazaba y yo no entendía por qué tanto cariño. Resulta que era mi abuela que ahora me contó que no podía hablar, pero que me quiso desde el momento en que estaba en la panza de mi mamá”.

La historia de su verdadera identidad terminó de tomar forma en agosto del año pasado. “Una de las hermanas de mi papá (Liliana Parodi) trabaja en el canal de televisión América y vino acá a presentar un libro que escribió, con una historia similar a la mía. Entonces hicimos una cena en la casa de una de mis tías y ahí conocí a la familia completa”.

A su papá biológico, Rafael, Juan Pablo lo conocía desde hacía tiempo porque tenía una bicicletería cerca de su casa. Siempre le llamó la atención la cercanía con que lo trataba, pero nunca llegó a sospechar la historia que había detrás.

A la hora de tratar de encontrar similitudes físicas, Sava comenzó con un comentario en forma de chiste: “El tiene los ojos claros y a mí no me tocó esa suerte, pero físicamente cuando comencé a buscar fotos me veo muy parecido y mi familia y amigos dicen que somos iguales. En cómo nos paramos, como caminamos, los gestos, somos parecidos, pero a lo mejor esas también son cosas que uno quiere ver. Cuando el vínculo es bueno uno se siente identificado, la sangre tira”.

El mensaje final de Juan Pablo apunta a defender el derecho a la identidad: “A lo mejor hay alguien que no se anima a decir la verdad, pero no pasa nada. Si uno crió a alguien con amor no va a pasar nada, no va a existir el rencor. Puede haber enojo un tiempo, pero la persona va a entender que hizo las cosas por amor, que no hubo maldad ni nada de eso. Este no es un tema alejado a lo que vivimos día a día todos, mi historia le puede pasar a cualquiera”.