Denuncian caso de abuso policial en la Comisaría 2ª

(Venado Tuerto) La tan ansiada mano dura finalmente llegó. La saturación policial, los paseos nocturnos del helicóptero, las cámaras de seguridad, los chequeos al mejor estilo de los años 70’ y 80’ que dan tanta tranquilidad a muchos venadenses, ya empezó a mostrar su arista más nefasta: los consabidos abusos de autoridad.
Uno de los primeros casos de los últimos tiempos, aunque sin demasiada trascendencia mediática, fue el de Sergio Loza el joven que el 22 de diciembre del año pasado apareció extrañamente colgado de sus cordones en una celda de la Comisaría 14ª de Venado Tuerto, donde permanecía demorado sin que pesara sobre él ninguna imputación. Según el defensor general de la provincia, Gabriel Ganón, que además es patrocinador de la familia Loza, en las fotografías se puede observar claramente las marcas de golpes en el cuerpo de la víctima.
El domingo 15 de marzo una nueva denuncia de supuesto abuso policial tomó tibia trascendencia en los medios locales. Esta vez se trataría de un joven retirado del boliche El Templo, que habría sido golpeado al dejar el local bailable por la policía y luego habría sufrido una nueva paliza en la Comisaría 2ª. De tal tamaño habría sido la tunda que al dejar la sede policial de calle Saavedra el joven tuvo que ser trasladado al Hospital Alejandro Gutiérrez para recibir las curaciones del caso.
Al conocer los detalles de este hecho de abuso, familiares del joven habrían atacado el edificio policial causando la rotura de uno de los vidrios frontales, según se precisó a través de un parte emitido por el Ministerio de Seguridad del Nodo V.

La versión de la familia
Para escuchar la versión de la familia del joven agredido, Juan Ignacio Fredes, muy distinta de la brindada a través del comunicado por el Ministerio de Seguridad del Nodo V que sólo hablaba del ataque a la Comisaría 2ª, desde el programa Dos en la ciudad, que se emite por la FM Pública venadense, hablaron con Gisela Rotondo, tía de Fredes.
“El sábado por la noche Juan Ignacio fue a El Templo, y a las 6 de la mañana del domingo la gente de seguridad lo sacó porque adentro un chico lo empujó, y él se enojó, y estaba un poco alcoholizado, entonces lo retiran. Cuando llegan a la puerta él discutía porque no había generado ningún problema, y pedía hablar con el jefe de seguridad, supongo que no en buenos términos porque estaba alcoholizado, entonces un policía lo agarra, lo reduce y se genera todo un clima de tensión. Todo esto ocurre fuera del boliche, donde lo tiran al piso y lo reducen. Ahí mismo lo esposan y le pegan un par de cachetadas y le dijeron ‘a vos te vamos a enseñar cómo te tenés que comportar’. Entonces lo cargaron en la camioneta y lo llevaron a la Comisaría 2ª”, narró Rotondo.
Según explicó la mujer, a partir de lo contado por Juan Ignacio, al llegar a la Comisaría lo hicieron pararse contra una pared en uno de los pasillos internos y esposado lo comenzaron a golpear “a mano abierta y con puño cerrado. Lo golpearon de forma tremenda por todo el cuerpo, porque tiene marcas en las costillas, en la cara, por todos lados”, contó la tía del joven agredido.
Con la voz quebrada, la mujer explicó que “uno no espera encontrarse con esto. Yo fui a la comisaría con mi marido cuando lo liberaron a Juan Ignacio, que era la una de la tarde del domingo, y cuando vimos el estado en que estaba no lo podíamos creer”.
Como es de esperar en estos casos, al reclamar los familiares hablar con algún responsable de la comisaría no había ningún funcionario policial con rango suficiente como para dar explicaciones. De inmediato Rotondo se asesoró legalmente para realizar la pertinente denuncia en la defensoría. Ante la imposibilidad de hablar con el médico de policía, decidieron llevar a Juan Ignacio al Hospital para que un profesional de la salud constatara las lesiones que presentaba.
“Cualquier persona que ingrese a la comisaría, por cualquier motivo, nada los habilita a los policías a pegar salvajemente como lo hicieron con este chico. Lo desfiguraron, le pegaron con alevosía, con cizaña”, remarcó la mujer.
En cuanto al ataque que habría sufrido la Comisaría 2ª por parte de familiares de Fredes, Rotondo explicó que una hermana de Juan Ignacio al ver el estado en que se encontraba pegó una patada a la puerta y rompió un vidrio, “pero yo me disculpé personalmente, porque creo que la violencia no se puede combatir con más violencia”.

Sin explicaciones
Luego de llevar a Juan Ignacio al Hospital, Gisela Rotondo regresó a la Comisaría 2ª, donde finalmente pudo reunirse con un comisario, quien le habría explicado que “no podía hacerse responsable, que él no estaba (cuando fue la golpiza) y que no sabía nada. Además me dijo que él le enseñaba a su gente que no haga estas cosas, pero no podía hacer más que eso”.
Para cerrar la mujer dejó en al aire un comentario que debería hacer repensar sus convicciones a los promotores de la mano dura policial: “Con Juan Ignacio hicimos la denuncia en la Defensoría y después también vamos a ir al Nodo, porque queremos que este caso también llegue a la provincia, para ver si pueden hacer algo. Creo que si todos nos involucramos cuando suceden estas cosas, que suceden todos los sábados a la noche, y realizamos las denuncias que corresponden estaríamos un poco mejor. La verdad es que es terrible la violencia que se vive en Venado Tuerto y si no hacemos nada sigue pasando. La policía está para protegernos, y en cambio nos están golpeando, les están pegando a nuestros hijos, nuestros sobrinos, nuestros jóvenes, los están desfigurando. Cuando estábamos en la Comisaría había otro chico rubiecito al que también le estaban pegando, una mujer policía le pegaba a mano abierta. Así le enseñan en la policía. Entonces hay algo fundamental que se debe decir: nada habilita a la policía a pegar. Ellos no son quien para enseñarle a nadie a golpes”.

Nota Pablo Salinas
Entrevista Dos en la Ciudad (FM Pública)

17.03.2015
2:58 Hs

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