Cuando el barrio habla: ¿violencia en el Ciudad Nueva o ‘sobre’ el Barrio Ciudad Nueva?

IMG_6060(Lucas Paulinovichi/Pablo Tomás Almena para PR)

Venado Tuerto- Ese sábado a la mañana empezó con disparos. Los tiros se escuchan más en el barrio. Estallan y se esparcen por el aire. En ese recorrido, una bala llegó a herir a una nena. Vinieron los policías, se hicieron las detenciones y después empezaron las especulaciones. En ese momento, el hecho se hizo noticia. Según el relato policial, no hubo intercambio de disparos: alguien se acercó a una casa, y tiró. Hacía una semana, otra situación de violencia había hecho visible al barrio Ciudad Nueva. Ahora, nuevamente era información: la vida diaria se transforma en un fragmento de las noticias, un episodio que habla de la ciudad perdida, de los rincones aislados, del escenario olvidado. Los diarios y las radios dicen, y eso va dando forma a una imagen que se vuelve sólida y termina por reemplazar al barrio real.

El pánico infundido desde esos medios de comunicación, engordado en el sentido común, el comentario callejero, la primera percepción de las cosas, produce un efecto de asimilación: todo lo que sea joven y de un barrio periférico, es peligroso. Los matices, las causas y las particularidades, no entran en consideración. Es necesario generar noticias, y hacer funcionar todo el andamiaje.

 

IMG_7703Mi barrio, mi casa
L. hace más de diez años que trabaja en una institución educativa del barrio Ciudad Nueva. Conoce a los pibes, conoce sus vidas, sus gustos, sus intereses, sus angustias; es una más de su vida cotidiana, comparte con ellos. “Acá realmente el barrio es hermoso, hay familias, que ayudan mucho a los niños, obviamente que la violencia está, pero desde el establecimiento se hacen muchas cosas, mucho trabajo en familia. La violencia está, todo esto viene del ámbito familiar, muchos problemas, el tema de padres separados y todos esos traumas que generan violencia. Hay algo que está pasando en sus vidas, son muy pequeños y tienen que afrontar esos problemas”, describe la trabajadora de ese instituto educativo que desde hace más casi 15 años cumple ese mismo rol. Ella habla como vecina, no en nombre de la institución donde se desempeña, de allí que solo la llamemos “L”.

Cuando un pibe decide emprender el camino del delito, andar al margen de la ley, romper los lazos con la comunidad, es porque está atravesando una situación conflictiva. La naturalización del delito, creer que algunos optan por él por un simple impulso biológico, un instinto asesino o una decisión perversa, sirve únicamente para distorsionar la realidad y justificar las medidas represivas que, en este contexto, actúan como intensificación de los problemas. Nadie se pregunta por los pibes cuando se exigen patrulleros, cuando se suplican medidas punitivas más duras, o cuando se pide mayor control y persecución.
¿Qué hay en el medio entre el pibe que deja la escuela y termina enredado en las tramas criminales? “Muchas veces uno echa la culpa al gobierno, pero es la familia. Acá viven chicos que lamentablemente están delinquiendo, y son algunos que han sido hasta abanderados. Yo creo que en la ciudad hay tantas cosas para reintegrar a estos chicos, de sacarlos de los lugares donde están. A mí me gusta el trabajo que está haciendo el gobierno actual con los talleres vecinales, dándole oportunidad a pibes con mucho talento. Como sociedad tenemos que tratar de llevarlos, ir y que puedan salir del entorno, de la marginación, de sus problemas. Muchos no consiguen trabajo, o tienen trabajos precarios, y se vuelcan a la droga y al alcohol. No sé si falta un poco más de publicidad o qué, pero que vayan más a estos establecimientos, a las vecinales, el apoyo de los vecinos. Se puede rescatar a esos chicos, pero necesitan ese afecto que no lo hay”, sintetiza la docente.

 

IMG_7680La indiferencia y el desafecto
La violencia se incuba en la indiferencia. La realidad de los barrios difícilmente gana los primeros espacios de la discusión pública. Aparece cuando ocurren hechos conflictivos, episodios violentos, noticias: los barrios periféricos suelen existir solamente cuando son noticia. Después, están excluidos de la imagen que se crea y comenta de las ciudades. Cuando alguien define algún rasgo de Venado Tuerto, cuando se dan sus características o se presentan tipologías, estilos, semblantes, frecuentemente lo que se describe es el centro y sus zonas cercanas. Más allá, es un territorio vacío.
Cuando los medios de comunicación, principales cristalizadores, recogen una serie de hechos violentos y el barrio queda a merced de todas las estigmatizaciones: de a poco se va formando la idea de lugares inhabitables, repletos de delincuencia y maldad, disponibles para todos los crímenes y todas las bajezas. Son vistos cuando son escenario de peleas, enfrentamientos, problemas, pero en pocas oportunidades son los habitantes de esos barrios los que tienen palabra para contar lo que sucede, dar cuenta de los que va pasando.
Los últimas novedades que llegaron sobre el barrio Ciudad Nueva, ofrecen un resumen de esas composiciones: los disparos y las riñas –la violencia- exhibida en las noticias hace de plataforma para el preconcepto, se crea una idea del barrio como un sector hostil, como un germen de todos los males. De esa manera, queda tapada la realidad de su vida cotidiana, la prueba de existencia que sus habitantes llevan a cabo día a día. “Nosotros estamos trabajando firme, hace 8 o 9 meses que ganamos las elecciones. Es una de las pocas veces que trabaja la minoría, que nosotros convocamos. Todos sabemos que parte de la Municipalidad está pasando un momento malo, pero yo siempre digo lo mismo, que no precisamos para ayudar a la gente tanto apoyo, porque nosotros podemos hacer lo que sea para ayudar a un vecino. Pero lo que queremos lograr es que si hoy ayudamos a uno, mañana ese venga a ayudar a otro. Para nosotros una parte de la violencia viene por ese lado: nosotros le damos mucho, pero cuando no tenemos, nos dicen que somos malos”, comenta a PUEBLO Regional, Diego Almirón, presidente vecinal del Ciudad Nueva.
Cuando la cotidianeidad, el trabajo de los vecinos, la colaboración, la solidaridad tendida en la ayuda mutua y la resistencia, no se ven reflejadas en las páginas de los diarios y las pantallas de televisión, lo que puede saberse es sólo aquello que sirve como información vendible. Esa liberalización de las zonas por parte de la mirada social, dejando a los barrios en un lugar secundario, ajeno a la atención pública, funciona como agitación de la violencia, conduce a que se genere: la discriminación es la primera de sus manifestaciones. “Hay muchas familias, con muchos problemas, que hay que trabajar más, con gente capacitada, y por ahí no se le da el tiempo necesario. La gente que está trabajando hace todo lo posible, pero hace falta más cantidad de gente. Yo calculo que éste es el barrio más grande de la ciudad”, explica el dirigente barrial.

IMG_6059El lugar de los operadores sociales, los trabajadores municipales y la policía queda entrampado en un escenario complejo, con demasiadas cosas en juego. El pedido de justicia ante el desamparo, en muchas ocasiones, se vuelca sobre aquellos agentes que custodian y permiten el delito: “la policía está yendo, lo que tiene que cambiar las leyes, porque la policía los agarra, les hace todo el proceso y al otro día los vemos otra vez. Lo más preocupante es que los mismos vecinos no dan más, nos sentamos a tomar mate y se largan a llorar. Que ni dios permita que ningún vecino bueno y trabajador tome justicia por mano propia. Yo tengo 33 años y me críe en el barrio, le creemos lo que dice la policía, porque lo vemos. Póngale que la policía miente, pero por qué entran y salen. Lo que pasó el otro día fue vergonzoso”, dice Almirón.
El costo principal a pagar es el del señalamiento, la condena anticipada, el delito por pertenecer a un determinado lugar o sector, una espiral que solamente contribuye a agravar la situación: “es muy fácil señalar con un dedo a los chicos de la esquina, acusarlos de que roban, a la gente le molesta hasta dónde están los chicos, pero quisiera saber de todos los que lo acusan, quién les da una oportunidad para cambiar a esos chicos. Quién no se equivocó alguna vez, todos nos merecemos una oportunidad. Los pibes que nosotros rescatamos, se están portando muy bien. No los podemos mirar como sapos de otro pozo, si no le damos una oportunidad, cómo vamos a esperar que dejen de robar, que cambien”, cierra el referente.

 

El trabajo social

Raquel Quemada es psicóloga, desde el 2006 formó parte del equipo interdisciplinario municipal que trabaja en el barrio Ciudad Nueva. Su experiencia, que tuvo fin hace unas semanas, es un testimonio de la intervención barrial y el trabajo coordinado entre los funcionarios municipales, el brazo del estado, y los actores sociales, los que viven en el barrio. “Cualquier relación social es compleja en sí misma –dice a PUEBLO Regional-. En el barrio se da una característica particular que tiene que ver con un proceso de transformación que se dio a partir del 2005, en ese momento había mucha migración interna, lo que generaba la falta de vínculo entre los vecinos. Otra particularidad que se da es que a partir de esa fecha se implementa el Promeba, que intervenía la nación, la provincia y el municipio, que generó muchas mejoras, pero también puso de manifiesto muchos conflictos entre vecinos, pero se logró una estabilización”.

IMG_7675El enfoque interdisciplinar implica una consideración amplia de los fenómenos sociales, dejar de lado lugares comunes, cuestionar el modo de acercarse y compartir una experiencia, y multiplicar las formas de interrelación para que puedan crearse las respuestas. Prevenir es un acto creativo: inventar nuevas relaciones, otros modos de vincularse, en definitiva, nuevas oportunidades. Es una decisión estatal que conlleva la puesta en marcha de un programa de intervención en los barrios, de cercanía y contacto: “a nivel intervención barrial, hay un modelo de gestión municipal que abarca una mirada amplia, integradora, que tiene que ver con la garantía de derechos, que implica una transformación de la realidad de las personas, pero que no es directa desde el estado, sino que se dan las herramientas para que se produzca a partir de las particularidades, que tiene que ver con lo histórico, cultural, lo étnico, lo religioso. Es un trabajo de hormiga, y no interpela solo al estado”, apunta Quemada.
Esa participación del estado como un actor social involucrado en la dinámica vital de los barrios, contrasta con las soluciones rápidas y efectistas promovidas por algunos sectores, que promueven la llegada de gendarmes y la multiplicación de las policías como la única salida al problema de la violencia social, como si con palos y persecución pudiera darse alguna solución. Ya es sabido: la nafta alimenta el fuego. “Está complejización de los lazos sociales tiene que ver no solo con un barrio particular o una determinada zona, sino cómo nos atraviesa a todos como ciudadanos. Todo ser humano tiene ganas de estar mejor. La realidad es que tiene que ver con las estrategias de intervención, pensadas en función de las particularidades del barrio: sea el deporte, la cultura, las artes. Lo que es real es que no siempre resulta, no garantiza un resultado o una convocatoria al ciento por ciento. Hay cuestiones que van más allá de nuestra intervención, y tiene que ver con la necesidad del otro”, define la psicóloga.
Comprender la realidad de los barrios implica acercase y compartir, establecer relaciones de otro tipo, desmontar desde lo menor las maquinarias de exclusión y marginalización. Es, también, una redefinición de los violentos: “cuando uno estigmatiza un barrio como violento, está siendo violento con el discurso, está violentado. La pregunta es si el barrio es violento, o cuando nosotros ubicamos al otro en un lugar de mierda no estamos siendo violentos también”, resume Quemada (Foto: Santiago Córdoba).

 

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